El Capellán del Centro Penitenciario de Botafuegos dirige una carta a los internos

El trinitario Manuel García, Delegado Diocesano de Pastoral Penitenciaria, ha enviado una carta a los internos de la prisión algecireña de Botafuegos

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Querido hermano; como capellán del Centro Penitenciario quiero escribirte unas palabras en estos duros momentos en los cuales la humanidad está sufriendo a causade esta pandemia. Ya de por sí, estar privado de libertad conlleva un sufrimiento pesado y en ocasiones difícil de llevar. Ahora, el no poder recibir visitas de tus familiares y seres queridos hace que el día a día se convierta más cuesta arriba. Como cristianos y creyentes, tenemos que pensar que no caminamos solos en la tempestad de nuestra vida, Jesús de Nazaret nos agarra de su mano y con su fuerza nos hacer abrir los ojos y ver la vida de otra manera distinta. Son muchas las personas que están muriendo y otras que están sufriendo distintos tipos de sufrimientos. Es difícil consolar y mantenerse en pie si no tenemos un pilar para agarrarnos y sostenernos. Los días en prisión se puede convertir en pruebas muy duras, y más al llegar la soledad de la noche. El silencio nos hace orar, pensar y muchas veces llorar a causa del miedo y la incertidumbre de lo que puede estar pasando fuera.

El CoronaVirus tiene una gran capacidad de contagio, de ahí, todas estas medidas de aislamiento. No es un capricho, te puedo prometer que todas las medidas del confinamiento que se están aplicando son para el bien de todos y de tus familiares.  El virus no distingue a nadie, ataca a madres, hijos, esposas, médicos, sacerdotes, políticos… a todos. Por eso tanto tú y tus compañeros, los voluntarios, ONG, asociaciones y yo capellán, por responsabilidad, debemos obedecer las indicaciones sanitarias que nos hacen llegar para evitar el contagio de la enfermedad que puede conducirnos incluso a la muerte.

Son muchas las llamadas que hemos recibido de familiares preguntando por vosotros y demostrando todo su cariño. Muchos tenéis la oportunidad de comunicaros con ellos por teléfono y de poder escuchar la voz de las personas a las que lleváis en el corazón. Sin duda, esos momentos son torrentes de esperanza y fortaleza. Vuestros familiares nos repiten que buscan y quieren vuestra seguridad y salud, y por eso, ellos asumen el sacrificio gustosamente de no visitaros, no abrazaros, ni besaros. Además, por decreto nacional, nadie puede salir de sus casas. Imagina lo que puede suponer un contagio dentro de la prisión.

Al igual que Cristo por amor está escondido y encerrado en el sagrario, así en estos momentos, todos estamos encerrados en nuestros hogares luchando por el bien de nuestra nación y de la humanidad. Son duros momentos, donde la falta de paciencia nos hace tambalear en muchos aspectos de nuestra vida.

Quiero decirte como sacerdote, que el amor no muere por la distancia, sino que se incrementa y nos hace valorar cada vez más a las personas que el Señor ha puesto en nuestra vida. Ellos te llevan en el corazón, al igual que tú a ellos. Con firmeza reconozco el amor que tenéis a vuestros seres queridos. ¡Cuántos besos a las fotos degastadas de vuestras madres, mujeres e hijos que lleváis en la cartera de vuestro corazón! El mundo puede pensar lo que quiera de ti, pero sin duda, como sacerdote trinitario, te digo que he encontrado más corazones llenos de amor, solidaridad y de fe dentro de la prisión que en el exterior. Eso, os hace grandes ante los ojos de Dios y de mucha gente. Te recuerdo que eres imagen de Dios, porque Dios y tú compartís lo más importante, que es la capacidad de amar y de sufrir por el bien del otro.

Desde hace más de un mes, la Pastoral Penitenciaria (capellanía), no puede traspasar los muros de la prisión para poder acompañarte en estos duros momentos, pero sabemos que todo esto es para un bien común. Instituciones Penitenciarias están poniendo muchos medios para protegerte. Decirte que la Iglesia Católica, nuestro obispo D. Rafael, nuestra diócesis, los frailes trinitarios y voluntarios de capellanía no nos hemos desentendido de ti. Desde el exterior te tenemos muy presente, a ti, tus compañeros y a vuestras familias. Estáis en nuestras oraciones y plegarias, porque sabemos que no son momentos fáciles. Desde el principio de la pandemia nos hemos puesto a disposición del Centro Penitenciario y un grupo de veinte y cinco voluntarios ha estado confeccionando más de nueve mil mascarillas, que han sido distribuidas a diversos sitios (centros de salud, residencias, asociaciones, casas de acogida, empresas, a familias y enfermos, que viven solos en sus hogares). En la prisión hemos dejado más de dos mil quinientas mascarillas de tela para que sean distribuidas por los módulos.

A ti que me estás leyendo, quiero recalcarte una verdad absoluta, Jesucristo a pesar del coronavirus, sí que pasa todos los días por tu chabolo para visitarte, para charlar contigo, para que le cuentes lo que tu pecho grita y tus labios no pronuncian.  Recuerda que Cristo estuvo preso como hoy lo estás tú. Pasó por lo que tú estás pasando. Por eso te quiere tanto y te entiende mejor que nadie. Podríamos decir, que Jesús ha estado en tu mismo pellejo, por eso se preocupa por ti, y tú tienes que preocuparte por tus compañeros de chabolo y de módulo.  En esta noche oscura, recuerda que no estás solo.

Llevamos más de un mes que no podemos celebrar la Santa Misa en la prisión, pero recuerda que en el corazón de esta cárcel se encuentra nuestra capilla, y en ella un sagrario donde está Jesús, y en la palma de sus manos tiene tatuado cada uno de vuestros nombres. No estás solo. Jesús Eucaristía en su soledad rompe tu soledad.  Al igual que Jesús tiene tu nombre tatuado en la palma de sus manos, yo en su nombre te pido que lleves esta pulsera bendecida que te regalo en la que aparece su nombre, “JESÚS”. Es un “DETENTE”, que manifiesta nuestro amor a Él, y nos recuerda que cada vez que pronunciemos su nombre ante una angustia, dolor, injusticia, Él saldrá a nuestro encuentro garantizándonos su asistencia y protección.  La Pastoral Penitenciaria desea llevar a todos éste lazo de amor, para recordar que con Cristo la batalla está vencida. Nada hay más fuerte que el amor y más si viene de Dios.

Quiero manifestarte que los capellanes y los voluntarios tenemos ganas de verte, abrazarte, de compartir lo que somos y lo que tenemos, el amor de Jesucristo, el cariño y la amistad hacia ti. Continuamos unidos en la oración, pidiendo a la Virgen de la Merced que nos cubra bajo su manto protector y a San Juan de Mata que nos proteja de toda enfermedad.

Que la Santísima Trinidad te bendiga.

Manuel García López OSST

Delegado Diocesano de Pastoral Penitenciaria

Capellán del Centro Penitenciario de Botafuegos

3 comentarios en “El Capellán del Centro Penitenciario de Botafuegos dirige una carta a los internos”

  1. Esta carta va llegar al corazón de cada uno de ellos,parece que estoy viendo sus caras aguantando sus lágrimas y mirándose uno a otros hasta que ya no pueden más y diciendo es que el padre Manuel tiene algo especial que en muchos momentos nos hacer a a Jesús.

  2. Esta carta va llegar al corazón de cada uno de ellos,parece que estoy viendo sus caras aguantando sus lágrimas y mirándose unos a otros hasta que ya no pueden más y diciendo es que el padre Manuel tiene algo especial que en muchos momentos no hace ver a Jesús.

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